«Los “Caminos de las Reinas” son muchos caminos, no por llevar a muchos lugares sino porque son caminos de Historia, de historias, de tradición, de comercio, de arte, de guerra, de paz, de encuentros, de desencuentros, de pan, aceite y buen vino, de piedra, de…»

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El “Camino de las Reinas” ha sido testigo de siglos de Historia que unen indefectiblemente a la hoy denominada Comarca de las Vegas. Siglos de Conquista y Reconquista que dejaron sus vestigios en la zona, historia de Órdenes Militares, de Reyes y, cómo no, de Reinas, de mercados y tradicionales productos, del avanzar del tiempo traducido en momentos de cambio que trajeron la modernidad a todos, pero que no pudieron con estos históricos caminos que, siglo tras siglo siguen siendo nexo de unión entre los vecinos de estas villas, señoríos, condados, ciudades y demás que desean ser descubiertos. Si estos caminos hablasen… o quizá sí que lo hacen, y sólo haya que prestarles la debida
atención.

El “Camino de las Reinas” comienza o acaba en el mayor representante histórico de la región, Aranjuez. Este Real Sitio ha sido durante siglos el referente de la comarca no sólo por su pasado y presente regios, sino también por el normal crecimiento de la localidad al calor de las Jornadas Reales y la construcción, ampliación y mantenimiento del Real Sitio así como los primeros ejemplos de industria y transportes.

Un camino como lugar de tránsito para las relaciones comerciales de los pueblos de la vega del sur como Chinchón, Colmenar de Oreja, Valdelaguna y Villarejo de Salvanés, en un sentido y el otro, los productos “más elaborados” y de la extraordinaria huerta de la vega por los ricos vinos, anises, quesos, aceites y demás, sin dejar de lado el nexo que une a toda la comarca, la “piedra de Colmenar”, mención especial merecería este comercio.

Colmenar de Oreja se relaciona con Aranjuez a través, no sólo de los productos del día a día sino también por su común pasado de pertenencia a la Orden Militar de Santiago, pero especialmente a través de la maravillosa piedra blanca extraída en Colmenar. Piedra que engalana gran parte de las construcciones del Real Sitio desde el S. XVI, destacando entre todas ellas el Palacio Real. Un incesante ir y venir de carretas cargadas de la prístina piedra que se convirtió en una de las cartas de presentación de la ciudad regia que dignificó más aún si cabe la caliza colmenareta.

Colmenar de Oreja y Chinchón, distantes apenas cinco kilómetros, han tenido, tienen y tendrán una relación constante en la que sus gentes se unen, sus mozos y mozas se casan, la piedra de unos va, viniendo los ajos, van las tinajas y vuelve el aguardiente a cambio, amigos que desencadenarán matanzas, aquellas que cambiarán la vida de estos pueblos… El crecimiento de ambas localidades ha ido de la mano a lo largo de la historia como no podía ser de otra manera. La una con su piedra, la otra con su relación con la realeza y la alta nobleza, ambas con buenos vinos, quesos y aceites, juntas remando en el tiempo para hacerse un lugar en la prosperidad de una comarca no siempre amable con los suyos.

Chinchón y Aranjuez siempre unidos por los caminos del comercio hacia las Jornadas Reales buscando no sólo los vinos y aguardientes y otros exquisitos productos chinchonetes sino también lo que aconteciese políticamente en uno y otro lugar, posicionarse en un bando o el otro, hoy aquí y más tarde allá, ésta o aquella institución, hoy los militares aquí, mañana allí, Goya que va y viene, Godoy que también… Todo esto y mucho más une la historia del Real Sitio y Villa y la Muy Noble y Muy Leal.

Y qué decir de aquellos que se separan algo más de este camino pero no por ello menos destacables, Valdelaguna y Villarejo de Salvanés. Igualmente ligados a los tres anteriores por su historia de la Orden de Santiago para el primero y ligado por espacio y escudo a Chinchón el segundo. La piedra caliza vuelve a estar más que presente de nuevo, siendo uno de los elementos comunes de este camino.

Todos serán parte de la misma historia en cuanto a personajes varios a lo largo de finales de la Edad Media y la Edad Moderna, y también lo seguirán siendo en tiempos más cercanos. Sufrirán guerras comunes, epidemias, hambrunas, sequías y demás, se regodearán en los festejos varios, el buen comercio, el vino, el aceite y las buenas carnes cuando se dejaban comer… Esa Historia que aparece en los grandes libros pero también aquella que hay veces que se pierde entre las gentes pero que, es aquella que verdaderamente forma un pueblo y una región, la historia del día a día y del lento discurrir del tiempo en estos lugares unidos por el “Camino de las Reinas”.